Cada 10 de diciembre se conmemora el Día de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un hito que marcó el compromiso mundial con la dignidad, la igualdad y el acceso a condiciones de vida adecuadas para todas las personas. Entre esos derechos fundamentales, la salud ocupa un lugar central: no se trata solo de la ausencia de enfermedad, sino de la posibilidad de acceder a servicios seguros, oportunos y de calidad, sin ningún tipo de discriminación.

En el ámbito de la acción sindical argentina, este principio adquiere un significado concreto:

Las obras sociales surgieron como herramientas solidarias creadas por los trabajadores para garantizar algo esencial: que cada afiliado y su familia contaran con protección sanitaria, independientemente de su situación personal o económica.

 Ese modelo solidario expresa de manera directa el espíritu de la Declaración: la salud como derecho y no como privilegio.

En la historia del movimiento energético, la Federación Argentina de Trabajadores de Luz y Fuerza ha sostenido este enfoque desde sus orígenes. A lo largo de décadas, la organización impulsó la ampliación de coberturas, la integración de prestaciones y la mejora continua de los servicios de salud destinados a sus trabajadores.

La creación y el desarrollo de la OSFATLyF constituyen un ejemplo claro de cómo el sindicalismo argentino transformó principios universales en acciones concretas: atención médica accesible, protección ante enfermedades, programas preventivos y acompañamiento en situaciones de vulnerabilidad.

Recordar este acontecimiento nos permite reafirmar un mensaje fundamental: el derecho a la salud se construye todos los días. Se sostiene con políticas adecuadas, con trabajo colectivo y con el compromiso permanente de garantizar que cada beneficiario reciba la atención que necesita. Es una invitación a mirar hacia atrás para valorar lo alcanzado y, al mismo tiempo, proyectar un futuro donde la solidaridad continúe siendo el eje del bienestar y la protección social.