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30 de Noviembre: “Día Internacional de la lucha contra los trastornos Alimentarios”

En el marco de una iniciativa generada por una ONG en el año 2012, cada 30 de noviembre se celebra el Día Internacional de la Lucha contra los Trastornos Alimentarios.

En Argentina, durante los últimos años, se ha producido un preocupante incremento de la incidencia de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) en nuestra sociedad.

Según estadísticas de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia (ALUBA), en la actualidad, entre el 10% y 15% de la población argentina sufre de algún trastorno en la alimentación. Argentina es el segundo país con más presencia de trastornos de la conducta alimentaria -después de Japón- afectando a un 29% de la población.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), estos trastornos se presentan con comportamientos alimentarios anormales, acompañados por una distorsión en la percepción de la imagen corporal, una preocupación excesiva por el peso y por la comida. Estos comportamientos alimentarios persistentes pueden afectar y deteriorar significativamente la salud física, mental y el funcionamiento psicosocial de quienes los padecen y, en casos extremos, pueden llegar a provocar la muerte, siendo las causas más frecuentes el suicidio o la desnutrición.

Los TCA suelen aparecer durante la adolescencia y la juventud, entre los 12 y 25 años, con mayor predominio en mujeres que en hombres. Actualmente el 40% de los trastornos alimentarios tienen que ver con la genética y un 60% con cuestiones sociales.

¿Cómo se previenen los TCA?

La mejor forma de prevenir los TCA es con la difusión de los síntomas de la enfermedad para que cada uno/a pueda detectarlos tempranamente en su entorno y lograr un diagnóstico oportuno. Algunas recomendaciones emitidas por la OMS para identificarlos son: presencia de una visible pérdida de peso por evitar el consumo de alimentos calóricos, los vómitos autoprovocados luego de grandes ingestas de comida, la distorsión del aspecto corporal, realizar ejercicio en exceso, consumo de fármacos para lograr purgas intestinales cuando no son necesarias.

El diagnóstico y el tratamiento oportuno son fundamentales y éste último debe ser interdisciplinario, es decir, con la intervención de un equipo de profesionales médicos, enfermeros, psicólogo, psiquiatra, nutricionista, profesores de educación física, acompañantes terapéuticos, según los requerimientos de cada paciente y el abordaje particular de cada caso según los síntomas presentes. Además, no sólo el paciente necesita orientación y seguimiento sino también su entorno familiar, el cual se ve gravemente afectado.